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    Indignación fronteriza

       Octubre de 2008

    Este artículo nos llegó al correo de nuestra organización.


    Hola, Soy una mera ciudadana española que pertenece al grupo de los ‘afortunados’ en el mundo. Un peso que de algún modo tenemos que aprender a saber llevar muchos de nosotros que tenemos la ‘suerte’ de no padecer demasiadas injusticias, sólo las normales de un mundo ‘desarrollado’ y tentado por la corrupción en la mayoría de los aspectos.

    Bien, hay mucho que decir, y mucho que hacer. Lo sé. Pero tras un año de, como se suele decir –dar palos al agua, porque el que mucho quiere abarcar poco aprieta- me he puesto a limitar mis objetivos e intentar al menos usar un poco de mi tiempo en busca de formas de denunciar las injusticias y ponerme a disposición para ayudar a encontrar soluciones.

    Hace unos tres años pasé a formar parte de forma ‘oficial’ de grupos de voluntarios sociales y dentro de unos límites –muy limitados, valga la redundancia- se ha hecho poquitas cosas.

    Por cosas del azar, me encontré con un viaje a Marruecos el verano pasado, en plan: ir con gente de allí con la que ves todas –o muchas- miserias e injusticias que están sucediendo con toda la pasividad por parte del mundo ‘desarrollado’. Ya sé, ya sé –hay mucho mundo así. Pero vuelvo a lo de las limitaciones.

    No puedo entender ese afán por parte de lo marroquíes en arriesgar sus vidas hasta morir en el intento por venirse aquí, a este mundo donde los valores están cada vez más perdidos. Pero lo hacen por muchas causas. Y no sabría ni por donde empezar.

    Empezaré por lo que es pasar a Marruecos por Ceuta. Nada más llegar allí, ya te encuentras con el despotismo de la policía –pobres chavales en casos, incultos, llenos de inseguridad, pero que el uniforme da cierto ‘poder’ que usan de forma cruel, avasalladora, déspota, y mucho más. Y que el españolito ‘listo’ intenta ganarse con la famosa ‘mordida’ dentro del pasaporte para que no le ponga pegas y que incluso le deje pasar casi con una inclinación de su cabeza como saludo.

    Luego vas en tu coche, casi como un rey, eso sí, sin pasar de 40, 50 durante unos cuantos kilómetros, serie de rotondas, todas con presencia policial, escrutiñadora, firme en su postura deshumanizada y déspota. El marroquí de ‘a pie’, sumiso, educado, cabizbajo... El españolito con sus euros, qué digo, con sus monedas de diez céntimos sintiéndose el salvador, inflándose con las reverencias que le destinan los ‘afortunados’ de ser el destino de sus limosnas.

    El marroquí medio tiene acceso a buena educación si la quiere, tiene valores morales, lazos familiares, tiempo para los amigos, lazos –cosas que recuerdo yo de niña en mi barrio. (Tengo algo más de cincuenta ahora). Es cierto que la mujer, las mujeres ... bueno es otra historia. Aunque sólo he visto dignidad, pero lo dicho, es otra historia y no quiero perder el objetivo de estas letras.

    Vi muchas y muchas cosas más que quizás sea mejor no describir. Sentí vergüenza de mi misma y de la gente con la que iba. Por pertenecer al mundo éste, sin haber hecho nada por merecerlo, porque sí.

    Pero lo peor, compañeros. Lo más denigrante. Lo que me hizo llorar lágrimas más que amargas, lo que me hace llorar de pura rabia ahora, por la impotencia, por la injusticia. Eso es la frontera entre Marruecos y Ceuta. A veinte metros del mundo desarrollado. Todos los principios humanos, todos los derechos humanos, se rompen. Todo lo peor que alguien pueda imaginar pasa allí. Y no hacemos nada. No podemos hacer nada..., pregunto... me pregunto.

    Personas amontonadas, casi como carne unos empujando a otros, queriendo pasar a este mundo. La policía empujándoles, pegándoles. Sus ojos perdidos en la impotencia y yo, mirando. Intentando que me dejaran pasar, porque yo venía para acá, y fue muy difícil, muy duro. Ellos en el intento de sobrevivir, trataban de crear confusión, despistar a la policía. Lo cual es imposible. No sé ni cómo se lo plantean. Pero cuando se ha visto a chavales de veinte años colgados de las alambradas, con los pinchos clavados en su cuerpo... todo se puede creer. ¿Qué clase de monstruos somos? La peor imagen para mí, y debo contarla, sacármela del cuerpo, aunque nunca se irá de mi retina mental. No hubo sangre, pero a veces hay cosas peores. Un joven padre de unos treinta y pocos años, ante la mirada de su hijo adolescente, intentando con la poca dignidad que se puede mantener en estas ocasiones, pasar la línea, enfrentándose a unos policías que le pegaban, mientras su hijo, con la mirada incrédula, le agarraba por detrás, por la cintura intentando que se separara. Separar a su padre. Hacerle entender quizás que era mejor no intentarlo, quedarse allí, esperar tiempos mejores...

    Por fin, pasé. Caminé es pequeño trecho –tierra de nadie- y llegué a la oficina española, tranquila. Guardias civiles y policía tranquilos, distendidos, bromeando. Y comenté: “¿Sabéis qué está pasando ahí mismo, a veinte metros?”, y me miraron, ‘Claro que lo sabían, y qué podían hacer...?’.

    Cuando algún marroquí consigue de alguna forma llegar aquí, si sobrevive al intento, luego se encuentra con nosotros, quienes les tratamos como de ‘segunda’. Hay que ver...! Pero esto ya es otra historia. Lo que quiero, en lo que me centro, es que.

    Con toda la energía que soy capaz de reunir, quiero pedir ayuda para DENUNCIAR LA SITUACIÓN, existente en esta frontera.

    Habrá ONGs más adecuadas para esto, pero yo no sé exactamente cuales son las más adecuadas, porque para todo existe un ‘protocolo’, verdad? Así que yo lo mando, y espero que entre todos podamos hacer algo.

    Si se va a Marruecos en avión por Tánger, o en barco a otra frontera que no sea Ceuta, estas cosas no se ven. Es Ceuta. La frontera de los pobres. (Ellos claro, -nosotros, cuanto más pobres ellos, más ricos nosotros...)

    Por otra parte decir que es un país precioso, sin desmerecer otros, con muchas posibilidades de futuro, y hacia el cual algún día echaremos la mirada como un lugar libre. Ojalá no sea tardando mucho. Ojalá empecemos pronto a hacer algo. Pero, qué? ¿Qué podríamos hacer? De esto hace un año, y quizás haya cambiado, para bien. ¿Qué os parece?

    Un saludo Pilar






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