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    La realidad de la que partimos (Nuestra visión y análisis del mundo)

       Febrero de 2009

    El sistema económico imperante, con sus organismos internacionales, no ha resuelto los graves problemas de desigualdad e injusticia del mundo, si no al contrario, los desequilibrios se agudizan y la situación de millones de seres humanos es dramática, más aún comparada con la privilegiada situación de un pequeño porcentaje de la población mundial perteneciente a los países del norte o “desarrollados” y a las élites de los países empobrecidos.

    A principios del siglo XXI, a pesar de los grandes avances científicos y tecnológicos, y de que los recursos del planeta son más que suficientes para que la población mundial viva en condiciones dignas, el empobrecimiento de gran parte de la humanidad es mayor cada vez. Las violaciones de derechos humanos son más frecuentes de lo que percibimos en la mayoría de los países y en muchos de ellos masivas, afectando especialmente a minorías étnicas y a pueblos sin reconocimiento de su identidad, y/o sin territorio.

    Las guerras y la violencia afectan directamente a la población civil, la desigualdad y violencia de género están presentes en la mayoría de la sociedades; la emigración forzosa es la única salida en demasiados países.

    El pago de la deuda externa exigido a los países del Sur, así como el sometimiento de los mismos a las condiciones de los organismos financieros internacionales, generan más pobreza y exclusión social y perpetúan la relación de dependencia hacia los países desarrollados. Son las consecuencias de un sistema económico, pensado por y para el capital, cuyos dogmas se difunden e imponen, incluso con guerras, allí donde hay resistencia.

    Vivimos pues, en un mundo herido gravemente, en donde, si bien, son los sectores excluidos del sur y del norte, los que de manera más extrema sufren las consecuencia, toda la ciudadanía ha perdido gran parte de las libertades, derechos, decisión política, participación, conciencia y humanidad.

    Frente a esta situación, es necesario tomar conciencia de la responsabilidad de las instancias políticas internacionales creadas al servicio del capital y de la de los gobiernos nacionales que vendiéndose o siendo complacientes con las multinacionales y centros de poder económico, crean las reglas del juego que perpetuan la desigualdad y la injusticia. También los medios de comunicación masivos tienen gran responsabilidad, en la medida en que se convierten en medios de manipulación y desinformación, pervirtiendo su finalidad.

    Las sociedades del norte, olvidando su pasado reciente, en que fueron víctimas de la pobreza y la destrucción de la guerra, han caído en una vorágine de consumo, directamente responsable de la explotación y miseria en la que viven millones de personas, y del vertiginoso agotamiento de los recursos naturales. La apatía y la falta de participación de la ciudadanía, unidas a la ausencia de propuestas políticas alternativas, en un mundo globalizado e interdependiente, indican altas dosis de individualismo y etnocentrismo.

    Frente a esta situación hay también movimientos y organizaciones sociales, redes, asociaciones, pequeñas y grandes iniciativas con propuestas alternativas, que propugnan que otro mundo, otra economía, otra política y otros valores son posibles. Desde el Sur y desde el Norte, desde el encuentro y la multiculturalidad, desde el respeto y el cuidado de la persona y de la naturaleza, poniendo el ser por encima del tener y buscando un cambio de estructuras.

    Participar, es la implicación activa desde una perspectiva crítica y coherente. Esto implica analizar cómo funciona la sociedad, conocer los resortes que la mueven y sus aspectos positivos y negativos para definir actuaciones concretas.

    Desde los valores y visión de OCSI, participar supone luchar por la utopía, implicándonos en los procesos que nos acercan a ella, supone estar coordinados manteniendo buena comunicación entre todos y todas, tener disponibilidad de tiempo, asumir responsabilidades, tener visión y proponer, no dejarse comprar por una sociedad que pone precio a nuestra complicidad y silencio con consumo y dinero.

    Nos exige, tener conciencia crítica y autocrítica, nadar contra corriente con la esperanza de que algún día el empuje organizado de muchas brazadas haga cambiar el cauce del río. En definitiva, la rebeldía y la disidencia como forma de vida en este tiempo, son fundamentales para la construcción de otro tipo de sociedad sostenible y justa en el que la persona pueda vivir y desarrollarse con dignidad.

    Los avances científico-técnicos, nos permiten tener una visión del mundo más global, al tiempo que la propia organización de las estructuras y mercados internacionales, hacen interdependientes a todos los paises y ciudadanos, es por esto por lo que OCSI quiere un concepto de ciudadanía en un marco mundial. Compartimos con todos los y las ciudadanas del mundo la corresponsabilidad política de construirlo equilibrado y sostenible en todos los aspectos.






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