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    Terromoto en el Perú - Agosto 2007

       Septiembre de 2007

    La necesidad de apotar por un desarrollo que garantice la vida digna

    Desde sicuani, 26 de agosto de 2007

    A medida que pasa el tiempo, mi desolación es mayor. En un primero momento pensé que el gobierno, sobre la coyuntura (porque sobre la prevención cero) podría hacer un buen trabajo para coordinar la llegada de la ayuda de emergencia, pero me equivoqué. Quien no tiene un plan de prevención difícilmente tiene un plan de emergencia, y la ayuda que va llegando con cuenta gotas a las zonas de la costa, y muchos menos que con gotas a la zona del interior, está muy desorganizada, y las noticias que llegan son más bien caóticas. Isa, desde Cuzco, lo decía claro en su correo, mejor aportar por apoyar las zonas desde la prevención y por trabajar por un desarrollo con sentido, incluyendo la construcción de las casas. Aunque la opción de la coperacha queda para cada uno, seguro que, como decía Isa, desde el Instituto para una Alternativa Agraria y su trabajo con la federación de campesinos de la zona de Huancavelica algo se puede coordinar.

    Me consuela saber que al menos desde Sicuani la ayuda que ha recolectado Defensa Civil (Gobierno local) y Cáritas (Iglesia) se dirigirá conjuntamente a la zona de Huancavelica, el interior, aunque siguen siendo esos parches que no cambiarán la situación del futuro.

    Perú es un país de sismos, y vendrán más y me temo que el país seguirá igual de mal preparado que hasta ahora si las cosas siguen igual. No confío en este gobierno nacional que me parece un populista e indecente, pero sí confío más en lo que se puede hacer desde los gobiernos locales o regionales, dependiendo también de quien esté al frente y de lo fuerte que esté la sociedad civil para saber participar en el gobierno. Os dejo un artículo que leí el otro día en La República, periódico local, escrito por Susana Villarán, defensora intachable de los derechos humanos aquí, y que explica sólo levemente la situación del interior del país, de la que no se oye hablar.

    Derecho y Revés. ¿Reconstruir la exclusión de siempre?

    Susana Villarán.

    ¿Cuántos damnificados hay en Huancavelica en las provincias de Castrovirreyna y de Huaytará? ¿Cuánta ayuda y cómo se les está llevando? No son prioridad, no aparecen en las cifras que se difunden diariamente. Nos hablan de Pisco, de Chincha, Cañete e Ica en donde la magnitud del desastre y del sufrimiento es enorme, la negligencia del Estado, inmensa; a contrapelo de la solidaridad. Poco o nada sabemos de quienes habitan en la altura. Es duro decirlo, pero aún entre las víctimas de un terremoto existen diferencias. Las brechas entre peruanos, la pobreza, y la fragilidad de las vidas y de los medios de subsistencia de nuestros compatriotas se desnudan por completo en estos momentos. Con el derrumbe, lo que estaba oculto u olvidado se hace visible. Es imposible esquivarlo.

    La gravedad del daño es mayor en los distritos más cercanos a la costa, en este caso Ticrapo y Mollepampa. En Tantará, Castrovirreyna, el 50% de las casas ha colapsado, lo mismo ha sucedido en Cotas, Villa de Arma, San Juan de Castrovirreyna y un porcentaje importante de viviendas se han desplomado en Aurahuá, y Chupamarca. El Instituto de Defensa Legal, que trabaja en Huancavelica en el Plan Regional de Reparaciones y que está movilizando ayuda para quienes están sufriendo las secuelas del embate de este siniestro, nos dice que el 40% de las escuelas de Huaytará y Castrovirreyna se han desplomado. En una zona ganadera y agrícola, el 100% de canales de regadío de Huaytará y del norte de Castrovirreyna está resquebrajado. En uno de los departamentos más pobres del país, el 35% de las postas médicas no podrá volver a ser utilizado por los daños que presentan.

    Según la cuarta versión del Censo por la Paz –que ha investigado con mayor precisión cada vez a las comunidades afectadas por el conflicto armado interno–, Castrovirreyna sufrió un nivel de violencia alto y Huaytará, uno de nivel medio. Lo recogido en los testimonios e historias regionales del Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) nos describe una realidad muy dura también. En esas provincias habitan hombres, mujeres, ancianos, niños y niñas que son pobres extremos, campesinos, quechuahablantes en su mayoría, víctimas aún no reparadas del conflicto armado interno; son aquellos y aquellas que no han salido en su mayoría de la exclusión de siempre. A Ica se desplazaron muchas víctimas de la violencia de Huancavelica y Ayacucho.

    Recordemos a Salomón Lerner Febres, quien dijo, hace casi cuatro años, un 28 de agosto, al entregar el Informe de la CVR: "...vivimos, todavía, en un país en el que la exclusión es tan absoluta que resulta posible que desaparezcan decenas de miles de ciudadanos sin que nadie en la sociedad integrada, en la sociedad de los no excluidos, tome nota de ello". Son peruanos y peruanas que nunca han sentido que el Estado es suyo. ¿Empezará a serlo ahora? ¿Reparará su sufrimiento, y saldará la incalculable deuda o le dará la espalda una vez más en esta nueva desgracia? Seamos solidarios y vigilantes.






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