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    Una nueva realidad

     voluntariado internacional,    Abril de 2015

    Y ya cuenta en el calendario algo más de un mes que llegué al Cusco. Fue un día nublado, pero no eran las mismas nubes a las que acostumbraba a ver en el mismo cielo, en otros lugares.. Eso me dio buena vibra y pensé que esta experiencia iba a ser diferente a las anteriores vividas, al igual que el cielo que veía. Ya son más que unos instantes, y no se me pasa la sensación de que parece que fue ayer cuando llegué y a la vez, la de que llevo acá toda una vida... curiosa y agradable esa sensación ...

    El viaje no se me hizo largo, pero la cabeza si que me dio varias vueltas de ovillo... pensando qué me encontraría, si “encajaría”, si estaría a gusto, en qué y de qué manera aportaría... aunque ya mis compañerxs me habían puesto en antecedentes, nunca llegas a visualizar del todo una nueva vida hasta que comienzas a tejerla y a trenzarla.

    Las diferentes percepciones que he tenido de la realidad social hasta el día de hoy son distintas y a la vez se asemejan a algunas del país donde me ha tocado vivir hasta ahora (sigues viendo que injusticias y desigualdades las hay en todos los lugares, y que siempre lxs que las sufren son las personas que vienen del mismo lado). Quizá las diferencias culturales me impacten más por la inevitable comparación que solemos hacer a la hora de contrastar concepciones, experiencias y aprendizajes; ¡qué fea costumbre!, ¿cuando aprenderemos a entender que vivimos en un mundo diverso y que las comparaciones son odiosas y tediosas? Cusco, ciudad alegre, de vida en la calle (me encanta), de cantidad de niños, perros, niñas, más perras, chibolos, cholitas, mujeres y hombres que realizan distintas tareas fuera de sus casas, carritos de comida, compras y vida en el mercado de Vinocanchón, ya caliente el sol de la ciudad o pegue frio el aire serrano del barrio.. ¡Las calles son nuestras!

    He tenido la oportunidad de viajar en los ratos libres, y conocer el entorno más cercano a Cusco, lo que me ha servido como mezcla de lo urbano y lo rural, también de lo natural, una naturaleza que te envuelve, más inmensa que las anteriores conocidas; lo cual influye en el modo de construir tu realidad y apreciar detalles que en otras ocasiones se nos escapan en la prisa del día a día.

    Mantay... Según entro al hogar, me sube un cosquilleo desde la punta de los dedos de los pies.. ¡me gusta!, no lo imaginé igual lo veo... Se respira alegría, ilusión.. Pasan las primeras horas y ya, ya!, las ganas de hacer en la casa, la impaciencia de conocer, de que me cuenten, de proponer... Calma, paciencia, pienso. Los primeros días pensaba: ¡tela!, estas chavalas se la pasan haciendo tareas del hogar y cuidando de sus hijos/as..qué poco tiempo tienen para disfrutar de la vida de otra manera; al poco me doy cuenta de que me equivoco, una vez más la anticipación a los juicios se apodera de mí (…). Las chicas sí participan en el entorno, en la medida de lo posible, ya que las situaciones de cada una son distintas, al igual que sus inquietudes y necesidades. Conozco la obra de teatro que están creando con Edu, de la Asociación Pasa La Voz, participamos en actividades de ocio junto a otros chicos y chicas de la ciudad, exploramos y conocemos una exposición de fotografía, vamos al penal de Marcavalle a que representen ante más de un centenar de chavales su obra (qué valor oye!, y rebién que lo hicieron..), y así todas las semanas algún evento en el que participar...

    Algo que me hace reflexionar y que me inquieta es la fuerza, la alegría, el aguante y el empuje que tienen las chavalas, envidiable!!.. pensar lo valientes que son, la coraza de la que se han recubierto para luchar contra ciertos (malditos) fantasmas del pasado y así poder mirar, exprimir y enfrentar un hoy y un mañana con coraje y superación. Madres sin haberlo querido ni decidido, sino por imposición, abuso y con violencia en todas sus expresiones... Como para no entender y permitir los momentos que tienen de decaída, de bajona, de irritabilidad y no quieren llevar a cabo alguna tarea, o tienen un día torcido, te mandan a freír habitas y que la tarea la haga quien quiera pero a mi las ganas no me salen... Al fin y al cabo, es su vida, es su casa, son ellas quienes nos aceptan al llegar a Mantay, y se merecen el máximo respeto y el que demos cancha en ciertos momentos. En ocasiones se nos olvida que somos acompañantes de sus procesos, de sus elecciones y creemos que se tienen que hacer y sentir las cosas tal y como nosotrxs creemos.

    Las chicas de Mantay no llevan una vida similar a la de otras iguales, por más que se intente “integrarlas o incluirlas” en ciertos ámbitos o actividades, tenemos que asumir esta realidad, al igual que ellas, y es algo duro, porque les han robado vivencias y experiencias, y se les ha obligado a compartir su vida con otra personita, que aunque ellas lxs adoren y les cuiden, es complicado y requiere de un esfuerzo y sacrificio que es de valorar enormemente y no perder de vista. Intentas ponerte en sus bambas y no terminas de imaginarlo, no sabrías como caminarías estando en su situación.

    Los niños, las niñas, sus hijos e hijas, sonrisas desbordantes y rabietas cargadas de fuerza, que demuestran que llevan el gen luchador de sus madres... Lxs que más sonido dan a la casa, la curiosidad, las sorpresas y el descubrimiento. Son lxs que nos recuerdan que hay que seguir jugando, disfrutando de cada momento sin perder esa espontaneidad que conforme crecemos se nos agota, creando, imaginando y volviendo a levantar cuando unx cae.

    La cocina de la casa: espacio de compartir, aprender y de convivencia para las chicas: olores, sabores, risas, recetas, consejos, quejas, confesiones, murmullos, voces: “Belén, Belén, las llaves para sacar zapallo de la despensa!!, Helga, Helgaaa, necesito plata para el pan de la meriendaaa,”... Un reducto o lugar que siempre (por desgracia o -suerte- en el que nos encasilla el patriarcado) ha sido protagonizado y al que ha sido relegada la mujer, y que del cual surgen cantidad de aprendizajes, afectos y complicidades, siempre sacando el dulce jugo de estas “obligaciones”.

    En el acompañamiento a las chicas, estoy aprendiendo y conociendo muchos lugares y experiencias. Ayer estuvimos en Marcavalle, el penal de menores de Cusco. Primera visión: muros repletos de vidrios punzantes y alambradas de cuchillas que amenazan a un posible intento de fuga. Ya sabemos donde entramos, y cuando saldremos, ya que vamos a participar en una actividad. No corren la misma suerte los chicos que son recluidos aquí, saben que entran, no cuando ni como saldrán. Chicos con chándales de distintos colores, lo cual indica el módulo en el que se encuentran, cabezas peladas, algunos con cicatrices y tatuajes (las marcas de la vida, de su vida), con la piel más o menos curtida, y algo que me impresiona, en la mayoría sus rostros desprenden ilusión, vitalidad y alegría. Cuando se acercan a hablar contigo, no pueden reprimir las ganas de saber y conocer, y preguntan, preguntan...es lo que me llevo, o lo que me quiero llevar.. no quiero una vez más cargarme de rabia y dolor ante la existencia de estos espacios y que estos chicos sean las “víctimas” de un sistema horrible en el que vivimos y por el que sufrimos; sabiendo que del cual también somos responsables y tenemos la tarea de darle un giro.

    El momento en que tuve claro y decidí que quería vivir esta experiencia en Cusco, también sabía que no quería quedarme de manera permanente y a tiempo completo en un proyecto, sino conocer la red social de trabajo/intervención/acompañamiento a chicos y chicas que se mueve en la ciudad y alrededores. La casualidad de que a mi llegada se encuentra en pleno impulso un grupo de personas que se están movilizando por dar a conocer la educación comunitaria, con lo cual me uno al grupo, donde conozco numerosos proyectos y parte de las personas que hacen que estos se mantengan. Debates, diferencia de opiniones, pero muchos aspectos e inquietudes en común, las cuales son en las que tenemos que complementarnos, y sabiendo que es ardua la tarea, es muy ilusionante vivirla y coserla. Un acento más en la motivación de continuar en la brecha, sabiendo que si se lucha por algo en lo que crees junto a las demás personas, es posible alcanzarlo.

    Hoy mismo conocí, un poquito nada más, el albergue de chavales “La Chocita”, cogestionado por Qosqo Maki (educadores, acompañantes y personas que están en el proyecto) y los propios chicos que lo habitan. Un proyecto de educación en libertad que lleva luchando contra viento y marea muchos años, demostrando que se puede educar de otra manera, sin imponer, sin jerarquías, de manera horizontal, participada, humilde y compartida.. Me fuí con ganas de volver, esperando involucrarme al tiempo con las personas que le dan vida al mismo.

    En fin, son muchas, demasiadas, las impresiones, sentimientos y sensaciones como para plasmarlas en unas lineas... He sentido que estando aquí, las vivencias pasan por mi cuerpo de manera distinta, más intensamente, que me permito reposarlas y reflexionarlas más profundamente. Me reafirmo en la idea de que en la autogestión, la solidaridad y en el respeto mutuo, está la clave para crear otra realidad más justa en la que las personas tengan las mismas oportunidades para elegir sus propios caminos.

    Y como dice Galeano... ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar?, ¿Qué tal si deliramos por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible.






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